Conferencia Natividad de Jesús de Nazareth

Fuente : Gaceta Juvenil de la ECB

El nacimiento de Jesús de Nazareth fue el inicio del cambio evolutivo humano más profundo que nos orienta a generar las conductas adecuadas para regresar a DIOS.
Jesús niño, aunque hubiera parecido débil en el regazo materno por la pequeñez de su cuerpo, espiritualmente no lo era. El Maestro era y es un espíritu en total armonía espiritual, Nuestro Redentor.
Llegaba por primera vez y, como no tenía experiencia de vida humana previa, necesitó formarse junto a sus padres, Venerable María de Jericó y Venerable José de Nazareth, y también convivir con hermanos de sangre. Nos parece verlo, allá en Nazareth, en una casa de rústica construcción acompañado de su familia.
Cuando El Maestro se dirigía a nuestro Creador no tenía intermediarios Sin embargo, El Maestro también requirió de la presencia de un Guía Espiritual Personal.
Necesitaba que un espíritu con experiencia humana lo acompañara en esta vida para comprender el error de este mundo, y convivir en él con total toma de conciencia de esa realidad tan diferente a la de las dimensiones de armonía espiritual absoluta.
De otra manera, Jesús, por su estado de armonía espiritual, no podría haber convivido con el error. En cambio, a los espíritus que vibrando en el error, con experiencia humana o no, le es fácil plasmar y convivir en la desarmonía espiritual.
El Guía Espiritual personal de Jesús fue un espíritu Purificado con la experiencia de haber pasado por este mundo.
De este Guía, Jesús recibió consuelo y percibió la magnitud del error en las acciones humanas, sobre todo en los primeros años de la vida del Redentor, y hasta que Él mismo adquiriera su propia experiencia humana.
Vamos a recordar algunos breves relatos que abarcan desde el anuncio de su nacimiento hasta los inicios de su Misión Redentora en este mundo humano.

 
Síntesis de la Comunicación espiritual respecto al Aviso del nacimiento de Jesús de Nazareth, recibida el 8 de marzo de 1918, por el fundador de la Escuela, Hno. Eugenio.

Faltaban pocos días para el nacimiento de Jesús, cuando quien sería su tía Judith, que vivía en aquel entonces en Belén, efectuó un viaje a Jericó con el fin de buscar a su hermana María, quien se encontraba de visita en casa de sus padres. No obstante la gran distancia que separaba a ambas ciudades, Judith no titubeó en iniciar el viaje a pie.
Ya en las afueras de Belén y al cabo de un trecho, Judith, percibió la siguiente comunicación espiritual acompañada de Vibraciones Espirituales que se manifestaban como una gran nube blanca:
“Ve enseguida a Jericó y no pierdas tiempo en llegar, porque tu hermana María te está esperando, ya lista, para irse juntas inmediatamente a Nazareth”.
“Te hago saber, que Dios ha permitido que el niño que ella tiene que dar a luz, se dedicara a una gran misión que desempeñará para el bien de la humanidad”.
“Ve, apúrate, porque José también las espera con cierta ansiedad por haber recibido el mismo aviso”.
Al llegar a Jericó, Judith halló efectivamente a su hermana María, que la estaba esperando ya lista para dirigirse con ella a Nazareth, tal como le había sido anunciado.
Y comprobó también, que su hermana había recibido la misma comunicación espiritual. De modo que, se debe a esta circunstancia que María se había apresurado a preparar su regreso al domicilio conyugal en el que las esperaba con cierta inquietud su esposo, José de Nazareth.
Si el encuentro de las dos hermanas dio motivo a una gran sorpresa al participarse los hechos relativos a la sorprendente comunicación espiritual, su asombro fue aún mayor, cuando al llegar a Nazareth, José les participó a su vez, en qué circunstancias había recibido el mismo aviso.
Y fue entonces cuando los tres pudieron comprobar en todos sus detalles la perfecta similitud de ese acontecimiento espiritual producido de la misma manera en tres distintos sitios y casi al mismo tiempo, lo que había sido perfectamente posible ya que tanto María, como José y Judith se encontraban en estados de armonía espiritual para poder tener tal comprobación originada en el Bien.

 
Aclaración

La fecha en que fue recibida la descripción espiritual por el Hno. Eugenio coincide con las aclaraciones espirituales brindadas por la Dirección General Espiritual, referidas al nacimiento del Redentor, que tuvo lugar entre el 8 y el 12 de marzo y no el 24 de diciembre, fecha ésta que se respeta en las comunidades cristianas y que también acepta en forma simbólica, la Escuela Científica Basilio.
Para los Hnos. Cristianos Ortodoxos, en Rusia lo celebran el 7 de enero
A su vez, respecto del aviso espiritual de la llegada del Maestro, aclaró que el que les comunicó a Venerable María, Venerable José y Judith de Jericó, fue el propio Jesús, ya unido al seno materno pero sin haberse producido su nacimiento.

 
Descripción Espiritual recibida por la Dirección General Espiritual, el 7 de octubre de 1989, relacionada con el nacimiento del Redentor Jesús de Nazareth.

Hace dos mil años un óvulo fue fecundado, se fusionó con un espermatozoide. Después de siete días, se convirtió en un embrión humano. Este embrión permitió que un espíritu, cumpliendo con los ordenamientos espirituales del Bien, es decir el nacimiento, comenzara su desarrollo como todos los que llegan a esta vida humana.
El óvulo fecundado se fue desarrollando lentamente y a medida que procedía la división, comenzó su diferenciación y el crecimiento de sus primeros tejidos, órganos y sistemas.
En el primer mes de embarazo, el corazón de ese pequeño inició su vida material, comenzó a latir y el espíritu unido comenzó a utilizar el cordón umbilical para alimentarse a través de su madre, era totalmente dependiente de un ser humano.
Durante nueve meses vivió en el líquido amniótico, en la placenta de su Madre, para luego nacer. Se lo llamó Jesús, nació en Nazareth.
Se percibe una humilde habitación de techo bajo con tirantes gruesos de madera, paredes rústicas, como si fueran de piedra, una ventana pequeña cerrada, un marco de puerta cubierto solamente con una cortina de tela gruesa marrón oscuro. El moblaje está compuesto sólo de una cama tamaño grande, baja, sin espaldares, una pequeña mesa a un costado de su cabecera, otra mesa algo más grande en el centro y tres sillas, sin observarse un determinado orden.
En la cama hay una mujer cubierta con ropas livianas como si fuera una colcha de color claro, se observa que su cuerpo es largo y delgado, sus cabellos color castaño oscuro, son largos y sueltos, tiene una pequeña onda sobre la frente, su rostro está pálido y a la vez resalta proyectando con su mirada, armoniosas vibraciones espirituales que descubren su elevado estado espiritual de un ser de Luz. Sonríe, observando hacia su lado izquierdo, un bebé, pues hace apenas una o dos horas que ella dio a luz.
El parto se produjo en el mismo lugar en que se encuentra. El niño, ya que es varón, está enrojecido sin nada de cabello ni pelusa, sus ojos están cerrados, duerme, su cuerpito está cubierto, no se ven sus manitas; el rostro se observa bien formado, rasgos parejos, irradia paz y tranquilidad. Su madre lo observa, como también cinco personas que se encuentran en el dormitorio. Esa madre que acaba de tener su sexto parto ya que tiene otros cinco hijos con el hombre amado, se llama María de Jericó. El niño que acaba de nacer en Nazareth se llamará Jesús. Es el Redentor, se le conocerá como Rabí (maestro), Cristo (Mesías), Jesús Cristo
Un hombre robusto de pie, cabellos largos oscuros con algunas canas, barba tupida de igual color y algunas hebras canosas, viste un sayal claro con un cordón en la cintura, está apoyado sobre la pared en la cabecera de la cama observando a esos dos seres que tanto ama: su esposa y su hijo recién nacido. Tiene expresión de felicidad en su rostro, irradia también paz y amor. Es José de Nazareth.
Además, se encuentra en la habitación una mujer sentada casi a los pies de la cama, se nota que es alta, delgada, su cabello es lacio y está cubierto con un manto, ojos grandes, rasgos parecidos a quien es su hermana María, su nombre es Judith de Jericó. Está observando sonriendo el resultado de su participación en dicho parto y como tía de ese niño irradia dicha.
De pie, se percibe a otra mujer baja, algo gruesa, de sesenta a sesenta y cinco años con su cabeza cubierta. Es una amiga de la familia, posiblemente vecina. Se encuentran algo retirados de la cama, dos niños, uno es alto y delgado, cabello largo hasta los hombros, ojos grandes y oscuros, su nombre es Timoteo y una niña algo más baja y delgada, cabello largo lacio y oscuro, cara redonda, ojos grandes, con una vestimenta oscura, cerrada hasta el cuello, es Raquel. Ambos son los hijos mayores de María y José.
Los hijos de Venerable María y Venerable José nacieron en el siguiente orden: Timoteo, Raquel, Elena, Esteban, Santiago, Jesús y Rebeca. Todos ellos siguieron cumpliendo con su evolución espiritual, con excepción de Jesús, María y José que venían a cumplir una misión. Algunos de esos hijos formaron sus familias y dieron nietos a sus abuelos.
Esta Descripción Espiritual transmitida por nuestro querido Maestro nos permite comprobar su nacimiento, natural, real, humano, que se cobijaba dentro de los Ordenamientos Espirituales de la Creación, y que Jesús jamás intentaría transgredir.

 

Aclaraciones posteriores de la Dirección General Espiritual, acerca del Nacimiento de Jesús de Nazareth

 
Se trata de una mujer ya conocida, baja, fuerte, cabello oscuro, con un ropaje largo y la cabeza cubierta, que representa cincuenta y cinco a sesenta años; se llamaba de nombre Marta, fue la que ayudó a dar a luz a Jesús en la descripción espiritual anterior y que aparecía como vecina junto a Judith.
Venerable María, con la colaboración de esta modesta vecina dio a luz al Maestro a la usanza antigua.

Descripción espiritual referida a la Mesa Familiar, efectuada el 24 de diciembre de 1967.

 
Se pudo apreciar la familia que componían Venerables María y José con todos sus hijos reunidos alrededor de una mesa en una época en la que Jesús tendría de 10 a 12 años. La síntesis de la descripción espiritual fue la siguiente:
Se percibe una habitación. Lo que más se destaca en ella es una mesa recta; es rectangular y está rodeada de personas: es rústica, hecha con tablas, su largo es de dos metros y su ancho de un metro, más o menos.
Hay una silla en cada cabecera; son anchas, de madera con un respaldo de tablas atravesadas con posabrazos.
Los asientos a los costados de la mesa son bancos hechos también rústicamente, del largo de la mesa, atrás tienen un travesaño para posar la espalda y terminan también con posabrazos. Junto a la mesa hay un mueble.
En una cabecera hay una mujer con el cabello peinado hacia atrás, bastante liso, de color castaño. La frente es abovedada, las cejas bien formadas, los ojos grandes y muy penetrantes, la nariz recta y un poco ancha en la base. La cara es ovalada. Su cutis es muy blanco, casi pálido. La vestimenta es cerrada al cuello, de color celeste claro. Tiene total armonía espiritual. Es Venerable María.
En la otra cabecera hay un hombre con el cabello largo hasta los hombros, con algunas canas. Su frente es amplia, sus cejas muy tupidas, su nariz recta y ancha en la base, sus ojos grandes, su mirada penetrante y serena, la cara es grande. Tiene una barba tupida, cuadrada y termina un poco en punta. Su sayal es marrón oscuro. Tiene total armonía espiritual. Es Venerable José.
En dicha descripción espiritual se encuentran en detalle sus siete hijos: Timoteo, Raquel, Elena, Esteban, Santiago, Jesús y Rebeca
Estamos en presencia de la familia de Venerables María y José, donde nació Jesús de Nazareth.
Continuando con el relato acerca de la vida humana del Maestro, a una edad aproximada de 14 años, le dijeron: “Tienes ya la mirada de un anciano”; y Él contestó: “Sin embargo, quisiera tener de anciano, esta mirada”. De esta forma, Jesús expresaba su intención de adquirir la experiencia necesaria de vida humana pero manteniendo siempre las virtudes espirituales. Con prontitud comprendía lo que acontecía a su alrededor, con una clara percepción de los hechos.

A los 16 años tuvo una comprobación que consolidó la idea de que el conocimiento espiritual era el camino que habría de transitar para elaborar la Idea Nueva, basada en los Ordenamientos de la Creación.
Al pasar por un pueblo, encontró en su camino a un pequeño grupo de personas que contemplaba a un hombre que, postrado en tierra, sangraba abundantemente de una herida en la pierna.
Por intuición, y sin poder contener su impulso solidario, se acercó al caído y apretando con sus manos los bordes de la herida, trató de impedir que saliera la sangre. En algunos instantes la hemorragia fue disminuyendo hasta cesar; luego lo vendó y pidió a DIOS que lo ayudara a reponerse. El enfermo, aliviado ya de su dolor y con la ayuda de los demás, pudo levantarse y se encaminó a su hogar. En ese momento, uno del grupo, dijo: ¡Es el Mesías! (que en el idioma griego quiere decir Cristo)
La gente que lo rodeaba y que había presenciado todo lo acontecido, preguntó su nombre, quedando reconocido, desde entonces, como Jesús, el Salvador.
Cuando se acercaba al lecho de un enfermo, se dirigía directamente a DIOS y recibía de Él las indicaciones espirituales. Al transmitirle Vibraciones Espirituales separaba toda perturbación espiritual que rodeara al ser humano, lo fortificaba; y así, pronto le llegaba el alivio espiritual.

En otra Descripción Espiritual, se han podido apreciar detalles de la personalidad del Maestro a la edad de 24 años, cuando se hallaba en uno de los períodos más delicados de su vida.
De porte majestuoso, su presencia inundaba de claridad su alrededor. Era alto, de cabeza bien formada, sus cabellos largos y de color rubio muy claro, peinados con raya al medio, le llegaban hasta casi los hombros. Su frente era amplia, sus cejas medianas, bastante tupidas. Sus ojos, serenos e inmensamente penetrantes eran de color indefinido, asemejándose a un celeste claro; los pómulos algo altos, daban a su cara una forma alargada con un mentón terminado en punta. Su boca era mediana y el labio inferior ligeramente caído. La barba, en punta, alcanzaba en ese entonces el principio del busto.
Su contextura era más bien delgada; su cuerpo parejo y proporcionados piernas y brazos. Vestía un sayal marrón claro, con un pequeño cordón y una toga blanca que siempre llevaba en forma majestuosa. Su caminar, era lento, pero no pesado y al avanzar parecía que sus pies apenas si tocaban el suelo.

Cuando hablaba, dirigiéndose a sus apóstoles y discípulos, lo hacía siempre con determinados ademanes y expresiones, que eran casi más elocuentes que sus palabras. Era difícil que su mirada se encontrase con la tierra; siempre miraba al infinito. Pocas veces se sentaba y cuando se elevaba espiritualmente solicitando la ayuda del Bien, lo hacía de pie, sereno y tranquilo.
Cuando en silencio impartía las Vibraciones para la Ayuda Espiritual, sus manos se movían con tal rapidez que casi no se las alcanzaba a ver. En los lugares en que se realizaban las tareas espirituales, no había ningún cuadro o distintivo; sus discípulos formaban un circulo, estando Él siempre en el medio y los hermanos sentados a su alrededor sobre piedras, bancos, o en el suelo.
Jesús se daba vuelta de continuo para dar respuesta a las preguntas que le hacían; igualmente cuando impartía Vibraciones Espirituales giraba sobre sí mismo para contemplar a todos.
Iba siempre acompañado de varios discípulos, no tenía predilección por ninguno en especial, conversaba por igual con todos y tenía para ellos el mismo amor y amabilidad.

Después de más de dos mil años está aún presente el recuerdo de su sublime misión. La Enseñanza Espiritual que elaboró, basada en los Ordenamientos de la Creación, ayuda a generar la comprensión tan necesaria para superar las diferencias, el dolor y el sufrimiento originados a partir de la desarmonía de los espíritus.
Esa comprensión no puede ser lograda sino con el Conocimiento Espiritual, bajo el amparo del Bien.
Recordamos a Jesús, pero no podemos llegar a interpretar, por nuestro estado espiritual aún no purificado, la magnitud de su Misión Redentora Humana. Para cumplirla tuvo que pasar por la experiencia de abandonar las dimensiones espirituales de total armonía Espiritual y tomar condición humana.
Jesús tuvo que nacer para ayudarnos, para adquirir la experiencia de una vida material, porque no podía plasmar en las dimensiones de total armonía espiritual, lo que era la vida humana con sus errores y debilidades, pero también donde había sentimientos elevados que el Bien podía sostener.
Jesús aprendió cómo sostener la energía espiritual del ser humano cuando se hallaba doblegado por el sufrimiento. También aprendió cómo consolar al caído, y cómo lograr que el Bien se anide en cada espíritu. Eso sólo lo pudo plasmar a través de su nacimiento, de elaborar Él mismo su propio conocimiento espiritual y humano con el que luego, recién, pudo consolidar la Idea Nueva dirigida a Su Amada Humanidad.